Arritmia legislativa

Rousseau mencionaba en su obra El Contrato Social, que el Poder Legislativo era el corazón del Estado, resaltando la importancia de este órgano colegiado respecto de los otros dos poderes.

Siendo el poder legislativo en México, el depositario de la soberanía popular, es en efecto el corazón del Estado, ese lugar donde se escucha el latir del pueblo mexicano. Es aquí en donde la sociedad se ve reflejada, al ser una muestra de lo que somos y como somos a gran escala, contemplando nuestra pluralidad y diversidad.

Grandes retos y desafíos aquejan a nuestro país: son más de 50 millones de mexicanos los que viven en situación de pobreza; hay más de 30 millones rezagados educativamente; niveles de violencia en aumento; actos de corrupción que “se normalizan”; y otro reto que no pasa desapercibido, es la indiferencia de nuestra clase política. Ante ellos, vale la pena retomar la frase de Rousseau y preguntarnos ¿cómo se encuentra el corazón de México?

A mi parecer, ese corazón padece un tipo de arritmia (entendida en este caso como un latir demasiado lento o que tiene un patrón irregular), una arritmia legislativa, que encuentra su causa en los vicios del Poder Legislativo. Si elaboramos una escala de los mismos, pondría a su naturaleza reactiva por encima de las cuotas partidistas, de la disciplina del voto, de la auto imposición de bonos, de la falta de apego a la normatividad vigente en procesos legislativos, de la opacidad y la falta de transparencia del Congreso.

Reactiva porque en vez de proponer, prever y prevenir, en la mayoría de las ocasiones tenemos un congreso que opta por reaccionar a destiempo. Reacciona no sólo cuando ya existe un problema (normalmente avanzado), sino cuando ve una presión desde la opinión pública y la sociedad civil organizada. Para mí, ese es su mayor vicio, porque atenta directamente contra el objeto mismo y la razón de ser de un poder legislativo, misma que no sólo consiste en hacer reformas y leyes, sino que en el fondo, debe buscar mejorar la calidad de vida de sus representados brindándoles mayores y mejores oportunidades.

Son muchos los casos que ilustran el vicio que pretendo describir, basta con observar paralelamente lo que acontece en la realidad nacional y lo que se debate en el Congreso, para preguntarnos si:

¿Es realmente necesario que la SCJN emita una sentencia en la que ordene al Congreso de la Unión a emitir una ley de Publicidad Oficial, cuando ésta debió haberse expedido desde el año 2014, según el artículo tercero transitorio de la reforma político-electoral de 2014?

¿Es necesario, esperar a llegar a más de treinta y tres mil mexicanos desaparecidos para promulgar una ley de desaparición forzada (aprobada 17 de noviembre de 2017)?

¿Es necesario, esperar a que el ejército cumpla diez años de estar en las calles, actuando sin un marco legal que brinde certidumbre a su actuar y a los ciudadanos, y ya en varias ocasiones, incurriendo en violaciones a los Derechos humanos, para aprobar y promulgar una Ley de Seguridad Interior (21 de diciembre de 2017)?

¿Es necesario esperar a que las instituciones de seguridad estatales y municipales estén totalmente coludidas, corrompidas y rebasadas por el crimen organizado y el narcotráfico, para reabrir el debate sobre si es necesario un modelo de seguridad de mando único o de mando mixto?

¿Es necesario esperar a que Donald J. Trump llegue a la Presidencia de los Estados Unidos de América, para presentar iniciativas en favor de los migrantes deportados, cuando Obama ha sido el Presidente americano que más connacionales ha deportado (2.8 millones)?

¿Es necesario esperar a que la sociedad civil y la opinión pública recrimine y llamé la atención al Congreso, para eliminar el pase directo del Procurador de la República en funciones a la Fiscalía?

Las  elecciones que se avecinan el próximo 1 de julio, nos sitúan en un momento de coyuntura y de gran trascendencia nacional. El día de las elecciones tomaremos una decisión que marcará el rumbo del país, tomando en cuenta que tan sólo los jóvenes, representando casi el 30% de la lista nominal, pueden llegar a definir la contienda electoral. Esa decisión debe ir acompañada y precedida por una serie de interrogantes que uno debe hacerse y plantearse, y una de esas preguntas debe ser ¿Qué corazón queremos? ¿Un corazón arrítmico?.

Cuando la arritmia legislativa trae como consecuencias la procrastinación en la labor legislativa, y ésta no implica nada más prolongar o retrasar un proceso, sino que realmente lo que se prolongan son necesidades, padecimientos, derechos sin protección, se prolonga la corrupción, la pobreza y la desigualdad.

¿O más bien, queremos un corazón sano? Cuando la salud implica cuidarse y ahí está el anticiparse y prevenir futuras afectaciones; eso es lo que necesitamos, eligiendo  un congreso que sepa reaccionar a tiempo, necesitamos pronunciarnos por un congreso que pueda prevenir y anticiparse a los problemas, y para ello necesitamos un congreso que no sea indiferente, necesitamos un congreso de cuerpo completo, que pueda caminar y recorrer el país, que pueda ver y escuchar las necesidades y problemas de la gente.

Pero es necesario también, una sociedad civil que como lo ha hecho en los últimos años, funcione como marcapasos, corrigiendo esa arritmia legislativa, presionando al congreso para que se debatan temas que se encuentran en el sentir y latir de la gente.

Por: Daniel Roche Jorge

Estudiante de Derecho en el ITAM. Ha sido asesor en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. Su mayor tema de interés es Derecho Constitucional.

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