La opción anti-sistémica: el motor de las próximas elecciones

Por: Pedro Casas Alatriste Loperena

Inmersos en una coyuntura política mundial en contra del sistema, México está a un año de un proceso de elecciones, envuelto en una crisis de representación y de identificación partidista. ¿Estará México listo para elegir a un candidato independiente como su nuevo presidente?

Existen diversos sectores en la sociedad mexicana, principalmente los jóvenes, que buscan un elemento revulsivo al sistema político actual. Somos muchos, los que estamos hartos de la corrupción, el clientelismo, los padrinazgos y compadrazgos, las promesas vacías de campaña, la visión cortoplacista y la pérdida generalizada de valores en el ejercicio político.

Hoy en día, en México se hacen presentes, dos fuerzas “distintas” a lo convencional, y que abanderan este sentimiento anti-sistémico. Por un lado, tenemos un caudillo polarizante, quien busca enaltecer estos sentimientos de desesperación, de enojo y de búsqueda por acabar con los grupos de poder. Por el otro, tenemos la figura de los candidatos independientes; tema sobre el cual quiero profundizar.

Bajo esta línea de pensamiento, el candidato independiente, se esperaría que fuera una figura política proveniente de un sector no convencional al sistema actual; un ciudadano empresario, intelectual, líder de opinión, académico o impulsor del bien común desde la sociedad civil. No obstante, los “destapados” hasta el momento, no son más que ex-militantes del partido “X”, y que encuentran a través de la vía independiente, esta estrategia no-partidista.

Asimismo, el candidato independiente, tendería a tener una trayectoria política limpia, en la cual no tiene favores que pagar. Esto, evidentemente, lo hace muy atractivo para un electorado harto de pactos, favores y negociaciones ilícitas. Más aún, la figura del independiente, debería mostrar una clara agenda progresista, abierta a la inclusión y acorde a las dinámicas sociales del siglo XXI. Independientemente de la ideología, se debe presentar una postura clara en temas de cambio climático, de innovación y de inversión en tecnología, de nuevas estrategias de lucha contra la pobreza basadas en educación, de políticas públicas que favorezcan el emprendimiento, de incentivos a la meritocracia en el servicio público y de seguridad nacional, específicamente en temas de narcotráfico y corrupción. En este sentido, la opción independiente, debería de favorecer múltiples negociaciones, ya que justamente los “beneficios políticos” se ven reducidos a la persona y no a un partido.

Entonces, y para concluir, las candidaturas independientes nos presentan ciertas ventajas atractivas y algunas herramientas importantes, dignas de considerar como ciudadanos. Sin embargo, y sin demeritar a los hoy por hoy “candidatos independientes”, como electorado tenemos que analizar a profundidad los perfiles de los mismos, y no dejarnos llevar por la estrategia de discursos diferenciadores, que la vía independiente le presenta a estos candidatos. Es decir, cuestionarnos si realmente presentan las ventajas comparativas de la figura de un candidato independiente (independencia política, apartidista y progresista, entre otras), o bien, si es un político más, disfrazado de candidato independiente. ¿Estará México listo para elegir a un candidato independiente como su nuevo presidente? Probablemente sí, la pregunta importante será: ¿quién?.

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